El hospital estaba en silencio. Solo el pitido de las máquinas y el rumor lejano de la ciudad que se filtraba a través de los vidrios. Joaquín cerró la puerta detrás de él con cuidado, como si el sonido pudiera romper la burbuja de calma que envolvía la habitación de su abuelo. El aire olía a medicina y a flores frescas, un aroma que ya se le había vuelto familiar, casi como un abrazo.
El abuelo Félix estaba sentado en la cama, con la espalda apoyada en las almohadas, la mirada fija en la venta