El desayuno había quedado atrás. Los platos ya estaban limpios y escurriendo. Mara estaba sentada en el sofá, mirando la ciudad por el ventanal. Joaquín estaba en la cocina, revisando algo en su teléfono.
Entonces el celular de Mara vibró.
Miró la pantalla. Sebastián.
Su corazón se paralizó un segundo. Apretó el teléfono con fuerza. Respondió.
—¿Qué quieres? —dijo, con voz cortante.
—Mara, ¿es verdad que vas a cancelar el compromiso? —la voz de Sebastián sonaba tensa, fingiendo preocupación.
—E