Los días pasaron y Joaquín se entregó por completo al entrenamiento. Cada mañana, antes de que el sol terminara de salir, ya estaba en la pista, corriendo vueltas interminables, ajustando cada detalle del auto, perfeccionando cada curva. No podía permitirse fallar. La carrera mundial estaba a la vuelta de la esquina, y sentía que cada fibra de su cuerpo estaba hecha para ganarla. El sudor corría por su frente, y sus músculos ardían, pero no se detenía. No podía detenerse. Su mente estaba enfoca