La mansión Hidalgo estaba sumida en un silencio tenso cuando Joaquín y Mara cruzaron la entrada principal. El eco de sus pasos resonaba en el mármol pulido del vestíbulo, y todos los ojos se volvieron hacia ellos como un solo haz de luz. La luz de los candelabros se reflejaba en sus rostros, acentuando el cansancio y la emoción que aún llevaban consigo después de la carrera y la revelación. Pero también había algo más en sus miradas, una determinación que no se había visto antes, una certeza qu