La mansión Hidalgo seguía sumida en un silencio tenso después de la confesión de Mara. Las palabras aún resonaban en el aire como un eco que no podía silenciarse: la traición de Sebastián, la infidelidad de Hanny, el dolor de años guardado. Doña Elena había apartado la mirada de Hanny, que seguía arrodillada en el suelo, con los hombros temblorosos y las lágrimas rodando por sus mejillas. Sebastián, por su parte, estaba pálido como la cera, con los puños apretados a los costados y la mirada fij