El sol de la tarde se había ocultado detrás de los edificios, pintando el cielo de tonos naranjas y violetas que se desvanecían lentamente en la oscuridad de la noche. Joaquín salió de su oficina con el corazón lleno de alivio y satisfacción. La inversión había sido enviada, el plan estaba en marcha, y por primera vez en mucho tiempo, sentía que el control estaba de su lado. Pero a pesar de la victoria, algo lo llamaba a casa. No a la empresa, no al penthouse. A su hogar. A Mara. A ese refugio