Capítulo 50. Un minuto tarde.
Melisa tragó saliva. Se notaba nerviosa, sí, pero no asustada. No era la Melisa con lentes ni ropas de oficina. No era la chica que había fingido ser solo una secretaria más. Era ella. Completa, desbordante, imponente.
-- No puedo hablar ahora – les dijo rápidamente. -- De verdad lo siento –
-- ¿Es tu hijo? – le preguntó doña Cata, con la voz más suave que un hilo.
Melisa solo asintió. No mintió. No explicó. No negó. Tomó la mano del pequeño y se dispuso a girarse. Pero en ese instante, apareci