86.
Cuando la niña escuchó la voz del transformista, levantó la cabeza. Pude ver cómo sus orejas se movieron de forma independiente, como si fuese un caballo. Luego volvió su mirada hacia nosotros. Su piel, gris como un atún, escamosa, con los dientes afilados, los ojos completos y absolutamente oscuros. El negro de sus iris se había expandido por todo su ojo, cubriéndolo por completo.
Lanzó un grito aterrador, ensordecedor a los oídos, y se lanzó, presa de un instinto incontrolable, hacia el vidri