Victoria llegó al despacho del abogado a las nueve de la mañana.
Había dormido poco, pero se obligó a levantarse temprano, vestirse con calma y salir antes de que Adrián bajara a desayunar. No quería darle explicaciones. Todavía no.
El edificio era discreto, ubicado en una zona de oficinas donde nadie parecía tener tiempo para mirar demasiado a los demás. Eso le ayudó. Por una vez, no entró como la esposa de Adrián Montenegro ni como la hermana de Fernanda Altamirano.
Entró como una mujer que n