El tono comenzó a sonar mientras Victoria sostenía el teléfono y Fernanda aguardaba frente a ella con una paciencia demasiado ensayada. Victoria se aferró a cualquier explicación posible antes de dejar que la duda creciera, pero Adrián no contestó y la llamada terminó en el buzón.
Fernanda bajó la mirada con una pena calculada; no sonrió ni dijo “te lo dije”, porque su silencio bastaba para que Victoria llenara los espacios vacíos con sus propias dudas.
Victoria apartó el teléfono de su oído y