Adrián entendió que esas palabras no eran una invitación a olvidar todo lo que había ocurrido, sino una petición para dejar de analizar cada herida durante unos minutos. Victoria no necesitaba más explicaciones esa noche. No necesitaba escuchar razones, disculpas ni intentos de justificar años de distancia. Solo necesitaba sentir que podía estar cerca de él sin tener que defenderse. Él acarició su rostro con cuidado, esperando una señal que le indicara si debía detenerse.
Victoria no retrocedió