El silencio en el pasillo del Piso dieciocho se hizo trizas por la tensión palpable que emanaba del ascensor. Karina Harroway había lanzado su pregunta como un misil helado, y Dante se quedó mudo, incapaz de articular una palabra. Dante no solo esperaba no verla esa noche, y menos de la mano de su peor enemigo.
Luciano siempre la quiso. Siempre deseó ir de la mano de Karina. Le había ganado la guerra, o eso pensó, pero solo fue una batalla de tantas que tendrían por el amor de la mujer. Dante se había equivocado, sí, lo admitía, y Karina debía entender que no había nadie mejor para ella que él. Dante era todo lo que ella necesitaba y quería, y se lo demostraría siendo educado y cortés, o eso pensó.
Olivia Neely, sin embargo, encontró la palabra rápidamente. Su agarre sobre el brazo de Dante se hizo más fuerte y su determinación para terminar de arruinar lo que ya estaba roto fue el pilar para desatar la fiera de ambos. A Olivia no le interesaba que Karina se quedara o volviera con él.