La luz dorada de la mañana brasileña se filtraba con una timidez cálida a través de las cortinas de seda. El resplandor iluminaba las partículas de polvo que bailaban perezosas en el aire, creando una atmósfera casi mágica en la suite del hotel.
Luciano despertó lentamente, sintiendo una plenitud que no recordaba haber experimentado en toda su vida. No era solo el descanso físico, era una paz profunda que le llenaba el pecho igual que un globo inflado de helio. Recordó lo de la noche anterior,