El salón, antes vibrante y ruidoso, se había sumergido en una paz sepulcral. Los ecos de la música se desvanecían mientras los últimos invitados cruzaban el umbral, después de una recaudación exitosa y de que la prensa no pudiera tener las entrevistas de los “amantes oscuros” como comenzaron a llamarlos. El resto de la noche Karina intentó mantenerse lo más alejada de Dante posible. No quería más chismes ni más malentendidos. Ambos tenían una familia que proteger y una reputación que mantener a