El rugido de un motor rompió el monótono murmullo de las olas, como un sonido intruso que quebró la paz de la costa. Karina, instalada en el pórtico de madera vieja, sufrió un vuelco en el corazón en cuando escuchó que un auto se acercaba. El aire se volvió denso, cargado de una electricidad que no procedía de la tormenta que se gestaba en el horizonte. Por un momento pensó que podía ser Teo, pero cuando se asomó no era el auto de Teo.
Al reconocer a Luciano, una mezcla de alivio y temor la inv