Karina no pudo sostener más el silencio. El secreto pesaba más que su vientre, y era una losa que le aplastaba los pulmones cada vez que intentaba dormir. Se dijo a sí misma que Dante no querría saber de ese hijo, pero ella no podía dormir sin saber de él. Karina estaba segura de que Dante los aceptaría, y si no, marcaría un antes y después en su vida para siempre. Solo necesitaba sacarse eso de la cabeza y el pecho, para poder seguir con su vida.
Una tarde, con el pulso acelerado por una deter