Dante Ashworth estaba en su despacho, horas después de la humillante bofetada de Karina y la amenaza de juicio de Teo. El divorcio, que debía ser un trámite silencioso, se había convertido en un circo público y una guerra corporativa. La imagen de Luciano Stanton tocando la cintura de Karina se repetía en su mente como una tortura y Dante no tenía forma de llegar a ella.
Karina lo había cercado y acorralado igual que a un toro y Dante, aunque quisiera arreglar las cosas con ella, no había forma de hacerlo. Le dijo a su abogado que estaba buscando la manera de que el proceso de divorcio terminara al volver con Karina, pero eso estaba lejos de ser verdad. Karina no quería verlo ni en pintura.
De repente, la puerta de su despacho se abrió sin anunciarse. Olivia Neely entró, radiante, con una lencería de seda escarlata apenas disimulada bajo un abrigo de terciopelo. No era la primera vez que Olivia se presentaba en su despacho luciendo así, y aunque el resto de las veces fue suficiente te