Ana se movía por la parte trasera de la mansión con una precisión desesperada, casi febril. Desde que sucedió lo de Luciano con Julian, Ana no había podido comer ni dormir. Estaba tan cansada de ser una mala persona, que pensó que los errores del pasado no la alcanzarían. Estaba tan confiada de que no sucedería nada malo, que pensó que lo del pasado era eso, un pasado que enterró.
Sabía que Luciano era un hombre que se perdía en los detalles, un hombre de honor antiguo y sentimientos profundos