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Ana sintió que el mundo se silenciaba en el instante en que la palabra "muerto" salió del auricular. El teléfono resbaló de sus manos, golpeando la alfombra con un sonido sordo que marcó el fin definitivo de su estirpe. Sus piernas se convirtieron en gelatina y, de no ser por los reflejos de Luciano, que la atrapó en el aire antes de que golpeara el suelo, se habría desplomado por completo.

Las piernas le fallaron, los latidos se detuvieron y sus manos temblaban. Luciano la sujetó en brazos y A
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