Con los resultados de ADN en la mano, esos que Olivia había manipulado con éxito tras infiltrarse en la clínica, Dante sintió que finalmente tenía el suelo firme bajo sus pies. Sin el temor visceral de perder a Elena, ya no quedaba un solo hilo que lo atara a la mujer que había intentado apagar su vida sorbo a sorbo con arsénico.
Esa misma tarde, Dante entró al salón principal, donde el olor a incienso de Olivia todavía impregnaba las cortinas y puso una carpeta de cuero azul sobre la mesa de c