Mientras el caos consumía a los Ashworth, en la mansión Harroway se tejía una realidad paralela con la misma intensidad, pero diferente propósito. La relación entre Ana y Luciano había dejado de ser un simple flirteo de pasillo para convertirse en un romance apasionado que ocupaba cada rincón de la casa cuando Karina no estaba. Luciano, incapaz de seguir fingiendo una vida conyugal que solo existía en los retratos familiares de la sala, se había mudado definitivamente a la habitación de huésped