—¿Por qué no? ¿Te crees muy especial?—la tomó fuertemente del brazo.
—No me creo, ¡lo soy!—alzó el mentón desafiante.
—Debo reconocer que vienes de una muy buena familia, pero me temo que no está al nivel de la mía. Así que no me obligues a usar medidas más drásticas —la amenazó con simpleza.
—¿Medidas más drásticas? ¿Qué quieres decir con eso? —soltó Alicia, enfurecida—. ¿Me vas a violar acaso?
—No le haría eso a una mujer —soltó, aunque su tono no era nada tranquilizador—. Pero si te convi