Carol tocó la puerta del despacho de Gustavo, temerosa y cohibida. Le había hecho saber su deseo de retribuirle el favor, pero ahora no le parecía tan buena idea. Era una locura.
Pero de alguna forma se sentía con muchas ganas de hacerlo, estaba feliz. Su madre tenía un corazón nuevo y en unos días estaría de regreso a casa, como si nada de esto hubiera pasado.
El parco y seco “adelante” de su jefe no se hizo esperar y Carol respiró profundamente antes de tomar el pomo de la puerta y hacerlo