Esa noche no pudo dormir, no había manera de que pudiera hacerlo luego de ver a la mujer que amaba al lado de otro. La idea de secuestrarla y alejarla de ese idiota pasaba por su mente con mayor fuerza con cada segundo.
Quería mandarlo todo al diablo, comenzando con Lorena y su flamante boda.
Anthony apretó la botella de licor en su mano un segundo antes de estrellarla contra el suelo. Rápidamente, el piso se manchó del líquido y los pedazos de vidrios se dispersaron en todas direcciones.