-Sofi…- exclamó su madre, acercándose lentamente a su hija, con su padre detrás.
Sofía miró hacia la olla humeante, sin ser capaz de mirar a sus padres a los ojos. Luego se levantó y tomó tres platos de la alacena y comenzó a poner la mesa.
-Te ayudo…- dijo su madre.
-No, siéntense- sentenció- ¿No es lo que querían? Una hija obediente, que les sirviera…- dijo sin compasión.
Los padres se sentaron en la mesa, enmudecidos.
-Ahora comamos- dijo sirviendo un poco a cada uno.
Comieron en silencio, f