—¡Caterina! ¡Caterina, ¿dónde estás?
Rocco irrumpió en el penthouse, y su voz resonó en las habitaciones vacías.
Pero la única respuesta que obtuvo fue un silencio sepulcral y sofocante.
En el salón, el sofá de cuero negro que habían elegido juntos seguía en su lugar, pero ya no tenía el cálido aroma de Caterina.
La mesa de centro estaba vacía y la pequeña lámpara de noche en forma de luna que ella amaba tampoco estaba.
—¡Imposible! ¡Tiene que estar aquí!
Se abalanzó hacia el dormitorio.
Las pue