Mundo ficciónIniciar sesiónLía no es tonta.
Sabe que está perdida, el Rey Alfa en persona se hará cargo de ella, por meterse donde no debía.
Nadie entra en el cuarto del Rey. Nunca. Se rumorea que alguien entró sin permiso y perdió la cabeza, y que las pocas doncellas que intentaron seducirlo salieron llorando. El Rey no lleva mujeres a su cama, el Rey lleva enemigos a su tumba.
—¿He tartamudeado? —gruñe el Rey, dando un paso al frente—. A mis aposentos. Cierren la puerta con llave y vigilen que nadie se acerque. Nadie. Si escucho un solo paso cerca de mi puerta, rodarán cabezas.
Una sonrisa lenta y maliciosa vuelve a aparecer en el rostro de Kian. Lía lo ve de reojo y una sed de venganza y sangre la invade, eclipsando por un momento su miedo.
Y, por imposible que le parezca, esa sed de venganza y sangre el Rey la siente casi como propia. Tanto, que le hace salivar.
Se acerca a Lía, la mira con su rostro fiero y gruñe con una clara advertencia, pero ella ya no siente miedo de su destino. Si la mata aquí y ahora, no será diferente a lo que le espera en la alcoba del Rey.
—¡Llévensela de una vez! —grita frente a ella y Lía salta por la sorpresa.
En un rincón, Kian cree que ha ganado. En su mente retorcida, esto es perfecto, el Rey no la va a ejecutar públicamente, lo cual sería rápido. No, la va a destrozar en privado. Y solo al ver la cara de satisfacción de Kian, Lía sabe que esto es muy malo.
«Tal vez debí dejar que los amigos de Kian me tomaran a la fuerza», piensa Lía con amargura. «Al menos habría sobrevivido a eso. A esto... a Él... nadie sobrevive».
Los guardias, vuelven a tomar a Lía. Esta vez lo hacen con una cautela reverencial. Ya no es una prisionera común… es propiedad del Rey.
—¡No! ¡Por favor! —grita Lía, esta vez presa del pánico. La idea de volver a esa habitación se le hace aterradora—. ¡No hice nada! ¡Solo me escondía de ese traidor!
Apunta a Kian con un dedo acusador, temblando de rabia.
Pero nadie la toma en cuenta. Nadie piensa abogar por una huérfana sin loba frente a la furia del Rey. Magnar ya se ha dado la vuelta y camina en dirección opuesta, hacia el salón del trono ignorando sus gritos como si no fueran más que el zumbido de una mosca.
La arrastran de vuelta por el pasillo largo y oscuro. Cada metro que avanza es un paso más hacia su final. La empujan dentro de la habitación del Rey con suavidad, pero sin opción a réplica.
El sonido del cerrojo echándose por fuera resuena en la mente de Lía como la tapa de un ataúd cerrándose sobre su vida.
Lía se queda sola.
La habitación está en penumbras, iluminada solo por la luna. El lugar huele a él, una mezcla embriagadora de bosque, tierra mojada y peligro. Está impregnada de su esencia dominante, cruel… asesina.
Se deja caer al suelo, temblando, con la espalda contra la puerta cerrada, sabiendo con certeza tres cosas. Nadie sobrevive a la ira del Rey Alfa. Kian ha ganado. Y esta es su última noche con vida.
—Diosa Luna —solloza, mirando hacia el techo alto y oscuro, buscando una respuesta en las sombras—. ¿Por qué? Si he sido fiel, si he soportado cada insulto... Si es tu deseo que muera de esta manera, sin haber hecho nada malo, lo aceptaré. Pero te ruego... haz que sea rápido.
Cierra los ojos, esperando sentir el terror que ha sentido la última hora, pero en su lugar, algo extraño sucede. Siente como si una luz cálida la envolviera lentamente. No es una luz visible, sino una sensación en su pecho, un calor que nace en su núcleo y se expande hacia sus extremidades frías. Su corazón, que latía desbocado comienza a calmarse con un ritmo constante y profundo.
Se llena de una paz que la sorprende. Es ilógico… Es imposible.
Se pone de pie, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Camina hacia el balcón, hipnotizada por la luna llena. El viento agita su vestido remendado. Sabe que podría lanzarse de ahí, sería fácil, un paso al vacío y evitaría todos los horrores que le esperan a manos del Rey.
Se asoma al abismo, los jardines están muy abajo, por lo que sería una muerte segura. Podría ser el fin de todo sufrimiento.
Pero entonces, el aroma del Rey, que se aferra a las cortinas y a las sábanas de la inmensa cama, llega a su nariz de nuevo. Y con él, esa extraña certeza de seguridad. Podría ser una noche de tortura, podría ser más de una… o podría ser algo que su mente humana no alcanza a comprender.
—No —susurra al viento—. No le daré el gusto a Kian de encontrarme muerta como una cobarde.
Si la Diosa Luna la ha calmado de esta manera, si le ha permitido sentir esta paz en la boca del lobo, debe ser porque aún le queda una carta por jugar. Algo bueno saldrá de aquello, ¿o no?
Lía se aleja del borde, se gira hacia la habitación en penumbras y decide esperar a su destino de pie.
Si Magnar la destruirá, que sea con ella entregando su alma a la Diosa, solo así quienes la pusieron en esa situación tan oscura y humillante tendrán su venganza.
Lo que no sabe, es que el Rey Alfa tiene unos planes muy diferentes… y no son precisamente para torturarla.







