51. De regreso a Londres
Nos encontramos en el pórtico de la antigua casa de mis padres, Murgos y yo, mientras compartimos una taza de té negro, somos testigos silenciosas de la fascinación de Delancis ante el firmamento. Bajo un manto de estrellas relucientes, la noche se viste con el murmullo rítmico de los búhos, el canto nostálgico de las cigarras y el coro enigmático de los anfibios. En la distancia, la oscuridad se funde con la tierra, creando un horizonte misterioso y profundo.
—Ni todo el dinero del mundo podrí