178. Corazón roto en enfermería
El club arde al otro lado de la calle.
Las llamas se elevan como lenguas furiosas que devoran lo que durante años fue un refugio, un escenario, un hogar para muchas. El humo espeso sube al cielo nocturno y me quema los ojos, aunque sé que no es solo por eso. Los recuerdos regresan sin pedir permiso: los gritos, el pánico desatado, el sonido seco de los disparos. El cuerpo de Madame Esther cayendo hacia atrás, sus ojos abiertos, inmóviles.
Maldición...
Y sin darme cuenta empiezo a llorar. No