179. Después del incendio
El auto avanza en silencio durante unos minutos. La ciudad pasa por la ventana como si no tuviera nada que ver conmigo, como si no acabara de escupirme de nuevo en la vida. Gabriel maneja con ambas manos firmes sobre el volante, pero lo conozco lo suficiente para saber que está inquieto.
—Disculpa que pregunte esto de repente, pero... ¿qué pasó con Giovanni?
No me mira. Mantiene la vista fija en la calle, las manos firmes sobre el volante.
—Terminé con él —respondo. Así, sin rodeos. Las pal