50. Dotes culinarios
En medio de la fresca tarde del sábado, salgo de la casa y me dirijo hacia el auto de Murgos para sacar mis maletas. Al poner un pie sobre el césped del jardín, quedo impresionada no por la cantidad de maletas apiladas detrás del auto, sino por el enorme telescopio que Murgos ha comenzado a armar. A su lado, Delancis da pequeños saltos y observa a su madre con una expresión de ilusión en su rostro, lo cual me hace sonreír.
—Por favor, yo también necesito ver las estrellas en esa maravilla —digo