145. Saltando del barco
El auto de David avanza con calma, pero mi mente va a mil. Miro por la ventana, sin ver nada realmente. Solo pienso en ella. En su cara. En su voz. En esa maldita intuición que se me clava como un alfiler en el pecho.
—¿Es más grave de lo que creo? —pregunta David sin apartar la vista del camino.
Me tardo unos segundos en responder. Dudo. ¿Debería preocuparlo?
—No…, no me hagas caso. A veces me pongo paranoica —digo con una sonrisa que no me creo ni yo misma.
Pero él no insiste. Solo asient