183. No hay urgencia, no hay prisa
Entro a la habitación y me detengo apenas cruzo la puerta. Es enorme.
La cama, tamaño King, ocupa el centro como si fuera un trono, rodeada de columnas talladas y cortinas pesadas que caen desde lo alto. Todo brilla con detalles dorados: marcos, lámparas, molduras, incluso los tiradores de los muebles. La iluminación cálida hace que el lugar parezca sacado de un palacio oriental, algo que perfectamente podría pertenecer a un antiguo sultán.
Doy un par de pasos más dentro. No necesito pensar muc