144. Después del paraíso
El fin de semana se va esfumando como vapor en el salón del fuego, pero su efecto permanece en mi piel… y en mi sonrisa. Me siento plena, ligera, como si el mundo tuviera un nuevo filtro. No solo confirmo lo que ya sospechaba —que Gabriel gusta de mí, y mucho—, sino que también pude relajarme de verdad, reír con mis dos mejores amigas y verlas a ambas brillar, esta vez como pareja.
Sí. Bárbara y Danna, juntas. No lo habría creído hace unos meses, pero ahora no puedo imaginarlo de otra forma.