197. Una bienvenida y una despedida
Han pasado dos días desde Año Nuevo.
Y, aunque durante ese tiempo el recuerdo de los ojos rojos del collar vuelve una y otra vez a mi cabeza, termino convenciéndome de que todo fue producto de mi imaginación. Tal vez el reflejo de la lámpara. Tal vez el cansancio. Tal vez las palabras de papá condicionándome más de la cuenta. Sea lo que sea, decido dejar el asunto atrás. No vuelvo a intentar que Gabriel sostenga el collar, ni busco comprobar si aquello ocurrió de verdad. Hay cosas que es mejor