126. Al borde del colapso
Respiro hondo y me obligo a centrarme en mi trabajo. Es absurdo quedarme enganchada a fantasías que no van a ninguna parte. Gabriel ya no está en mi oficina, y lo mejor que puedo hacer es avanzar con mis pendientes.
Me sumerjo en documentos, informes y llamadas, permitiendo que las horas transcurran sin interrupciones. El sonido de las teclas de la máquina de escribir y el murmullo que proviene del pasillo son mis únicas compañías. Sin embargo, mientras el día avanza, una cosa comienza a inqui