123. La junta directiva
Este ha sido el «adiós» más doloroso de toda mi maldita existencia. Se aferra a mí como una enredadera obstinada, como esas malditas pegajosas que se adhieren a la tela y no se sueltan ni con mil sacudidas, que pican y arden al contacto con la piel. Una semana ha pasado y aún lo siento ahí, pegado a mis pensamientos, a mis días, a mis noches. No dejo de revivir su mirada, esos ojos llenos de angustia, suplicantes, como si en mí hubiera esperado encontrar una última salvación para su dolor. Y yo