122. Lo que realmente sentimos
El bar está iluminado con una tenue luz ámbar, lo que le da un ambiente acogedor y discreto. Apenas cruzamos la puerta, hago un escaneo rápido del lugar. Giovanni no está, al menos no todavía. Eso no significa que no pueda aparecer más tarde, así que trato de mantenerme tranquila mientras avanzamos hasta nuestra mesa de siempre.
Vanessa se sienta justo donde la acomodé la última vez, dándome la oportunidad de comprobar si él vuelve a aparecer en el mismo rincón. Mi corazón late con fuerza, pero