103. El fin de un año y de algo más
No necesita acercarse tanto para que yo escuche cada palabra que viene a decirme, pero aun así decide eliminar cualquier distancia entre nosotros. Sus ojos verdes, de un tono tan gélido que parecen un pantano helado, me observan con una intensidad oscura, y su presencia parece llevar consigo el peso de algo salido del mismo infierno. Giovanni Paussini está furioso, y aunque no puedo negar que me asusta un poco, no pienso dejarme intimidar. Me planto firme, mantengo el mentón en alto y, con voz d