Ella tal vez no respondería a esta hora. Cerré la ventana de chat y abrí las redes sociales, donde para mi sorpresa vi un conjunto de fotos despreocupadas que Miguel había publicado. No estaba solo, había otras personas también, mostrando varias copas chocando entre sí. Entre ellas, reconocí una mano: era la de Carlos.
Lo supe porque llevaba un anillo barato en el dedo, uno que yo le había regalado. Ver ese anillo ahora me hacía sentir algo inmadura y avergonzada. Era parte de un juego de anillo