Decía que no se había lavado las manos, refiriéndose tanto a mí como a Alejandro. Yo estaba bien, pero Alejandro claramente se sentía bastante incómodo.
—Lo que no mata, engorda —dije para aliviar la tensión.
Sergio se acercó en ese momento con toallitas húmedas en la mano.
Alejandro intentó tomarlas, pero Sergio no las soltó. Al final, fui yo quien las tomó, sacando una para Alejandro y otra para limpiarme las manos.
—Sara, ¿quién es él? —preguntó algo enojado Alejandro, curioso por este Sergio