Carlos no dijo nada, después de un rato hizo una fea mueca de irónica.
—Si quieres hacer un drama, pues adelante, hazlo.
A estas alturas, ni siquiera reconocía su culpa, seguía echándome la culpa a mí.
Ya no tenía ganas de discutir, así que solo dije: —Me voy a mudar de su casa.
—¿De nuestra casa? —Los ojos de Carlos se entrecerraron—. Sara, la verdad es que nunca la consideraste tu hogar, qué desperdicio de todo el cariño que te tuvieron mis padres.
Mordí con rabia mi labio. Él no entendía que