Paula, intuyendo en ese momento mis pensamientos, preguntó:
—¿A dónde vamos? Te acompaño, o si prefieres...
—Acompáñame a arreglar mi pequeño nido—la interrumpí al instante.
Me miró muy sorprendida. —¿Acaso... ya lo tenías planeado?
—No exactamente, es algo de hace un par de días—señalé el asiento trasero, donde estaba la ropa de cama que había comprado.
—La compré precisamente ayer con Beatriz—expliqué, provocando una expresión de gran asombro en Paula, sus ojos llenos de total curiosidad.
De