Una mujer se arregla para quien le interesa, y en este momento ya me había quedado claro que Sergio me importaba demasiado.
Al salir después de lavarme las manos, Sergio se acercó apresurado para ayudarme.
—Estoy bien —dije haciéndome la fuerte mientras lo esquivaba.
Él no insistió en ayudarme, sino que me acompañó atento hasta la mesa del comedor. Además de lo que había mencionado, había preparado dos entrantes ligeros y un plato de frutas variadas.
La comida se veía realmente apetitosa.
—Sergi