El rostro de Beatriz se ensombreció visiblemente, su piel pálida se tornó aún más blanca.
Sus manos temblaban sin cesar al sostener el vaso de jugo. —Lo siento mucho, no fue mi intención.
Se veía tan frágil y lastimera que parecía que yo fuera la que había dicho algo indebido, como si la hubiera herido.
Pero no me detuve. Ya que había empezado, iba a terminar. —Quizás no fue tu intención, pero el hecho es que esto nos está afectando. Si no lo hiciste a propósito, Beatriz, solo ten más cuidado en