—¡Señor Carlos, no hay tiempo!
La azafata dio de inmediato el aviso.
Sabía que incluso los aviones privados tenían rutas y horarios establecidos. Si llamaba, causaría un retraso.
—Olvídalo —dije acomodándome.
—Un minuto —dijo Carlos.
Le hablaba a la azafata mientras me entregaba su teléfono.
Me sorprendió demasiado que me permitiera hacer la llamada.
Por cualquier razón, personal o profesional, podría haberse negado.
Lo miré aún sin entender. Desde su regreso, parecía diferente.
Ante mi mirada c