—Sí, pero no siempre me ducho cuando me lavo el cabello —su graciosa respuesta me hizo reír.
—Como quieras, pero mejor date prisa o amanecerá y no te veo bañado —lo empujé rápidamente al baño, temiendo que me arrastrara con él si me demoraba.
A primera vista, Sergio parecía ser un hombre frío, rudo y asexual que no se interesaba por las mujeres.
Pero ahora sabía que una vez descubierto, era como una inundación incontenible.
Mientras él se duchaba, limpié a toda prisa la mesa. Era un hábito que m