—¡Belleza! —Alberto me sonrió con una expresión burlona en su rostro.
De verdad que cuando uno tiene mala suerte, se encuentra con el diablo hasta en la sopa. Torcí la boca y le dije:
—¿Qué pasó? ¿Te metiste en problemas?
Alguien como él no vendría aquí sin motivo.
Alberto asintió, admitiendo sin rodeos:
—Sí, manejé sin licencia.
Ese comentario me recordó cuando me invitó a su fiesta de cumpleaños; todavía ni era mayor de edad.
—Felicitaciones —le respondí con veneno en la voz.
—¡Gracias! —su de