Sergio me miraba y podía sentir su nerviosismo.
Estaba claro que se sentía culpable.
En efecto, ningún hombre es generoso cuando se trata de la mujer que ama.
Al ver el raro nerviosismo de Sergio, sonreí para mis adentros, aunque mantuve una expresión seria.
Me paré frente a él sin decir nada.
Sergio movió los labios como queriendo decir algo, pero parecía dudar si hacerlo.
Este hombre tan directo, cuando dudaba, parecía un niño que ha hecho algo malo y no sabe qué hacer.
Viéndolo así, no pude c