Un día definido como el peor de todos, uno en el que Royner había tenido que escuchar los largos sermones de Joseph por haber faltado al espectáculo y, peor aún, haber dejado de responder sus llamadas y mensajes de texto. Ya era evidente que algo como esto le esperaba por su jueguito de ayer, más aún ya que uno de los trabajadores del local pasaba por el sector justo cuando el chico se subía en la motocicleta de “el extraño”, según mencionaba el dueño de allí.
Escuchar y recibir críticas era al